Pablo Fautsch
Buenas prácticas en investigaciones internas en México
Von Wobeser y Sierra | En el marco del Sistema Nacional Anticorrupción y del fortalecimiento del marco regulatorio en sectores clave como el financiero, energético y de salud, las organizaciones que operan en México enfrentan un entorno de cumplimiento cada vez más riguroso. La evolución normativa —impulsada por leyes como la Ley General de Responsabilidades Administrativas (LGRA), la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares (LFPDPPP), y un mayor escrutinio de autoridades como la CNBV, la COFECE y la UIF— ha derivado en una expectativa clara: las empresas deben contar con mecanismos eficaces para prevenir, detectar y remediar conductas indebidas al interior de sus organizaciones.
En este contexto, las investigaciones internas no son solo una buena práctica, sino un componente esencial de una cultura organizacional de integridad. Conducidas con rigor, no solo permiten actuar con diligencia frente a hechos concretos, sino también demostrar compromiso preventivo ante potenciales investigaciones regulatorias o litigios. En investigaciones internacionales relevantes, como el caso de Walmart México vinculado a pagos indebidos, la existencia de procesos internos bien documentados y ejecutados fue clave en la estrategia de defensa bajo el FCPA.
En este breve artículo analizamos brevemente aspectos que se deben de tener en cuenta al momento de conducir una investigación interna.
Alcance y planeación
Una investigación interna efectiva comienza con una fase de planeación estructurada. El primer paso es definir el alcance, lo que implica identificar con precisión:
En esta etapa debe también determinarse:
Una delimitación clara de estos elementos evita que la investigación se torne excesivamente amplia, costosa o poco enfocada, y minimiza el riesgo que la investigación o sus resultados sean cuestionada por terceros o por las propias autoridades.
Recolección y custodia de evidencia: preservar la integridad
Preservar la evidencia de manera segura e íntegra es una piedra angular de cualquier investigación. La evidencia puede incluir documentos, correos electrónicos, mensajes, grabaciones, archivos físicos, registros de acceso, plataformas colaborativas, o incluso dispositivos móviles.
Una buena práctica es emitir un "hold notice" a personas que podrían tener bajo su control evidencia relevante. Este aviso debe indicar la obligación de no eliminar, alterar o compartir dicha información. Debe quedar registrado y debe formar parte del expediente de la investigación.
Es esencial mantener una cadena de custodia clara: registrar quién recaba cada elemento de evidencia, cuándo y cómo fue almacenado, quién accedió y bajo qué condiciones. Este principio es crítico cuando los hallazgos pueden tener implicaciones ante autoridades regulatorias, penales o en procesos judiciales.
El acceso a dispositivos personales o comunicaciones privadas solo debe realizarse con consentimiento informado del titular, sustentado en políticas internas previamente aceptadas. De lo contrario, se corre el riesgo de violar la LFPDPPP o los derechos laborales previstos en la Ley Federal del Trabajo.
Revisión documental y entrevistas
La fase de análisis de la información relacionada con la investigación incluye la revisión documental y la realización de entrevistas a personas clave.
Las entrevistas deben desarrollarse bajo principios de:
Se recomienda no grabar las entrevistas, salvo razones jurídicas fundadas y consentimiento explícito. Es preferible documentar a través de minutas detalladas, firmadas por el investigador o responsable del proceso.
Debe protegerse en todo momento la identidad del denunciante, evitar represalias y contar con mecanismos internos de protección. La empresa debe tener una política de no represalia efectiva y monitoreada.
Las entrevistas deben desarrollarse en espacios neutrales, sin coerción, y garantizando que el entrevistado pueda solicitar apoyo legal si así lo desea.
Reporte y medidas correctivas
Concluida la investigación, debe elaborarse un informe ejecutivo estructurado, que contenga:
Este reporte no debe incluir juicios de valor ni afirmaciones sin respaldo documental. Puede adoptar formato narrativo, estructurado o por secciones, y debe ser revisado por las áreas legales y de compliance. En casos relevantes, también debe validarse con órganos de gobierno (como el Comité de Auditoría o el Consejo).
Las acciones correctivas deben ser proporcionales a la gravedad de los hallazgos. Algunas opciones incluyen:
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